Peces más peligrosos: solo unos centímetros bastan para morir

Peces más peligrosos

Algunos de los peces más peligrosos del mundo miden tan solo unos centímetros, y solo un contacto basta para pasar un muy mal momento, cuidado y si no, pueden causar la muerte. No solo las temibles pirañas o los archiconocidos tiburones integran esta lista. Los hay eléctricos en el Amazonas, o disfrazados en el Índico. En tal caso, cuando se entra al mar en una playa o a bucear hay que tener cuidado con estos especímenes.

Aunque el cine y la literatura ha contribuido al mito, es cierto que al pensar en los peces más peligrosos viene a la mente, inevitablemente el tiburón. Aunque algunas especies han atacado a humanos, los especialistas consideran que se han producido por error. Por lo general, los tiburones suelen comer peces, focas y leones marinos y los humanos pueden haber sido confundidos con ellos.

De todos, el tiburón blanco y el tiburón tigre son las especies que han intervenido en la mayor cantidad de ataques a humanos. Hay que considerar que el mar es un inmenso ecosistema en el que los peces son reyes. Por eso hay que respetarlo junto con todas las especies que mantienen en él un delicado equilibrio.

Entre los peces más peligrosos, el pez piedra

De color marrón con manchas rojizas, se mimetiza como si fuese una piedra o un trozo de coral y está entre los peces más peligrosos. El pez piedra puede, también, enterrarse en la tierra, con lo que se vuelve mucho más inadvertido para sus presas. En su dorso tiene 13 espinas a través de la cual segrega un veneno que puede resultar mortal para los humanos si no se aplica tratamiento a tiempo.

El veneno del pez piedra es una sustancia neurotóxica. Como se esconde en el fondo puede ser pisado. Quienes resultan picados por este macabro habitante del mar sufren mareos, dolor de cabeza, dificultad para respirar, convulsiones y hasta parada cardiorrespiratoria.

Los sobrevivientes del veneno del pez piedra han pasado por un lento proceso de recuperación que implica la formación de un absceso en la zona donde se ha recibido, directamente, el contacto con las espinas. Se le encuentra principalmente en el océano Índico, cerca de Australia, y en el mar Rojo.

En los ríos amazónicos, cuidado con las pirañas

La mayoría de los ataques que se han visto en humanos por parte de pirañas tienen que ver con la especie llamada “de vientre rojo”. Al parecer, estos peces, que están provistos de afiladísimos dientes y de un desarrollado de ciertos sentidos, si localizan sangre en el agua, buscan atacar a lo que se mueva.

Se ha documentado presencia de pirañas en todos los países de Sudamérica, con excepción de Chile. Durante la temporada de cría, las pirañas se vuelven particularmente más feroces para proteger al cardumen que va naciendo.

También en esa zona del planeta vive la anguila eléctrica, un pez que hace una descarga eléctrica a sus presas para inmovilizarlos y poder comerlos. Si se pisan, en algunos de los ríos de la cuenca amazónica, es muy posible recibir un peligrosísimo latigazo de electricidad dentro del agua.

Otras especies entre los peces más peligrosos

El pez león también inocula veneno a través de sus espinas que lleva en la espada dorsal. Estos ejemplares no llegan a crecer más de 20 centímetros y son nativos de los mares cálidos que bañan las barreras de coral en Australia. También se le ha visto al sur de Japón. Sus ataques rara vez son mortales y se le ha visto también en el Caribe.

El pez globo también está en la lista de los peces más peligrosos tiene neurotoxinas para matar a treinta personas en un solo ataque. La principal característica de su veneno es que la víctima permanece totalmente consciente pero paralizada. En Japón se considera un manjar, pero hay que tener una licencia especial para preparar su carne.

Otro muy temido es el candirú, un pequeñísimo pez endémico en Brasil que se alimenta de sangre, razón por la cual es llamado pez vampiro. Suele introducirse en el cuerpo humano por los orificios de los genitales y cuando está dentro extiende unas pequeñas espinas que le sirven de “ancla”. Ingieren la sangre que mana de la herida pero el paciente termina muriendo.